Salud sexual

La sexualidad es un fenómeno complejo, que está influido por fuerzas biológicas y psicológicas, pero a la vez es una conducta que se aprende y que va cambiando como consecuencia de experiencias personales, actitudes culturales, etc. Finalmente, depende de las relaciones interpersonales, y por tanto, también está influida por la otra persona.

La sexualidad despierta en la pubertad, y ello, junto a su clara relación con la reproducción, ha hecho que se haya concedido una responsabilidad definitiva a las hormonas.

Por otra parte, diversos estudios sugieren que hay un descenso progresivo en marcadores de función sexual (deseo, frecuencia, etc) con la edad, y particularmente, al llegar la menopausia (véase gráfico adjunto).

Sin embargo, al margen de un innegable papel de las hormonas, la complejidad del fenómeno obliga a que el acercamiento a los problemas que plantea tenga que ser más global.

Las disfunciones sexuales son un elemento principal en las alteraciones en la calidad de vida que se presentan con la edad. En todas las escalas de calidad de vida la dimensión sexual ocupa un lugar preferente.

En la gráfica se expresa el incremento del porcentaje de mujeres con disfunción sexual de acuerdo a un estudio inglés hecho en población general. A la derecha se muestra el descenso progresivo de los niveles circulantes de andrógenos en la mujer con la edad y tras dos años de menopausia o tras menopausia quirúrgica (extirpación de ovarios).